Cuando sientes que “algo” te sostiene

Todos hemos tenido ese momento en el que, honestamente, no sabemos cómo algo salió bien. Donde dices: “Con lo que yo veía, esto debió salir mal… pero no salió”. A eso muchos le llaman suerte, otros le llaman Dios, energía, universo, fuerza creadora. Más allá del nombre, hay una sensación muy clara: no estoy solo.

Ese instante en el que todo debería romperse… y no se rompe

Hay decisiones que tomaste sin tener toda la información y aun así te llevaron a un buen lugar. Personas que aparecieron justo en el momento más difícil. Oportunidades que no buscabas y tocaron a tu puerta en el día exacto.

Desde afuera parece casualidad. Pero dentro de ti sabes que hubo algo más: una coordinación silenciosa, una precisión que tú solo no habrías podido calcular.

“La vida tiene una forma extraña de acomodar piezas cuando tú ya sentías que todo estaba perdido.”

¿Y si no fuera solo suerte?

Muchas tradiciones espirituales hablan de una fuerza creadora que sostiene todo: desde el movimiento de las galaxias hasta el latido de tu corazón. No necesitas entenderla por completo para sentirla.

Esa fuerza se hace presente en forma de:

  • Personas que llegan justo cuando las necesitas.
  • Ideas que aparecen en el momento exacto.
  • Caminos que se abren cuando pensabas que ya no había opciones.
  • Coraje que sale de un lugar que tú no conocías.

No se trata de negar el esfuerzo humano, ni de sentarse a esperar milagros. Se trata de reconocer que tu esfuerzo no está solo, que hay algo más acompañando el proceso.

Ser sostenido no es ser pasivo

Sentir que “algo” te sostiene no significa soltar el volante de tu vida y esperar que otros manejen por ti. Al contrario: muchas veces la fuerza que te sostiene te invita a participar más, a responder, a dar un paso.

Esa fuerza se siente cuando:

  • Aunque tengas miedo, das un paso y algo te dice “ve”.
  • En medio del caos, aparece una calma que no sabes explicar.
  • Estás a punto de rendirte, pero algo dentro de ti dice “todavía no”.

La cooperación con la fuerza creadora

La relación con esa fuerza no es de exigencia, es de cooperación. No es “hazlo todo por mí”, sino “camina conmigo mientras yo hago mi parte”.

Cooperar con esa fuerza creadora puede verse así:

  • Escuchar tu intuición y no ignorarla siempre.
  • Tomarte un momento para respirar antes de reaccionar.
  • Agradecer, incluso cuando todavía no ves el resultado completo.
  • Elegir una actitud distinta, aunque la situación sea la misma.

La conexión que nos une a todos

Cuando reconoces que hay algo que te sostiene, también reconoces que ese “algo” sostiene a los demás. Y eso cambia la forma en la que miras a las personas: dejan de ser extraños y empiezas a verlos como almas caminando, igual que tú, sostenidas por algo más grande.

Esa conciencia crea más compasión, menos juicio y más respeto por el proceso de cada uno. Nadie va tarde, nadie va “adelante”; cada quien va en el ritmo que su alma necesita.

“Cuando entiendes que algo te sostiene, ya no caminas con soberbia, caminas con gratitud.”

Cuando lo invisible se vuelve compañía

Tal vez no puedas explicar todo lo que has vivido, pero sí puedes reconocer que no llegaste aquí solo. Hubo manos, palabras, señales, oportunidades y momentos interiores de fuerza que no sabes de dónde salieron.

La próxima vez que sientas que “algo” te sostiene, en lugar de ignorarlo, haz una pausa. Respira, agradece y pregúntate: “¿Qué quiere enseñarme este momento?”.

Quizá descubras que esa fuerza creadora no solo te sostiene, también te guía, te corrige el rumbo y te recuerda que tu vida tiene un sentido más profundo del que a veces alcanzas a ver.

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